Como un libro abierto

Mi primer día en el IED coincide con la inauguración de la exposición Como un libro abierto sobre la obra del diseñador mexicano Ricardo Salas, a quien tuve la oportunidad de conocer. La exposición curada por el propio Salas ha viajado por México, Madrid y ahora llega a Milán. Salas se ha ocupado del montaje de la exposición. El catálogo de exposición contiene, entre otros, un interesante texto filósofo español Francisco Jarauta  titulado “El atelier del diseñador”.

Durante la semana intervengo en diversas correcciones de proyectos de  alumnos de segundo y tercer curso del grado de Diseño de Interiores. Los alumnos de tercer curso realizan un proyecto en la ciudad de Como para una futura sede del hotel Ostello Bello, una referencia en el negocio hotelero. Ostello Bello fue fundado por tres amigos que quisieron llevar a su negocio aquello que habían aprendido después de haber dado la vuelta al mundo. Actualmente cuenta con dos sedes en Milan, una en Como y tres en Birmania.

Por las mañanas acudo al IED, por las tardes me queda tiempo libre para visitar la ciudad y algunas exposiciones. Una de mis primeras visitas fue a la Fundación Prada situada en una antigua destilería de 1910 situada al sur de la ciudad, junto a las vías del tren. El conjunto ha sido rehabilitado por el arquitecto holandés Rem Koolhaas y su equipo OMA.

Me parece de gran interés las distintas formas de aproximación a un edificio industrial, “una fundación que se propone como una colección de espacios arquitectónicos” donde conviven siete edificios existentes con tres edificios nuevos (un pabellón para exposiciones, un cine, una torre). Llama la atención el revestimiento empleado en las nuevas piezas de espuma de aluminio y, sobre todo, la denominada “casa encantada”: una estructura vertical revestida de láminas de oro. Una de las piezas más significativas que contrasta con los tonos grises del conjunto y que confieren un poco de color a la periferia en la que se inserta. Según Minuccia Prada –nieta del fundador y la promotora de la fundación– de  esta pieza dorada trata de “dar  importancia a algo muy modesto”.

La fundación combina exposiciones temporales con exposiciones permanentes de artistas como Thomas Demand, Dan Flavin, Robert Goser o Louis Bourgeois. Antes de salir de la Fundación, hago una visita al ‘Bar Luce’,  diseñado por el director de cine Wes Anderson. Es inconfundible la estética del creador del El gran Hotel Budapest. Me suele ocurrir (inevitable quizá por deformación profesional): mi curiosidad suele atender más al continente que al contenido.

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